miércoles, 3 de febrero de 2010

Contaminación tipográfica



Buscaba información sobre nuevas tendencias en materia tipográfica para un proyecto de diccionario temático que dentro de poco deberé resolver cuando, por afortunada casualidad (a pesar de mi respetadísimo Manuel Seco, prefiero esta construcción a la muy walpoliana "serendipidad"), caí sobre este video del diseñador gráfico Olivier Beaudoin, que se presentó en la edición de octubre de 2009 del festival Kosmópolis de Barcelona.
Lo que yo quería saber era si había alguna alternativa a la muy usada (y correctísima) Lexicon, algo que estuviera en la línea de la Collins Fedra, que los diccionarios Collins usan en sus nuevas ediciones. Pero el video de Beaudoin me catapultó a un rincón muy querido de mi memoria y de la memoria a los anaqueles de la biblioteca analógica que todavía conservo y, en los anaqueles, me condujo al hermoso lomo del ensayo de Eric Gill sobre tipografía, publicado en edición facsimilar por Lund Humphries en 1997.
El título con el que se publicó por primera vez, en 1931, reza "Printing and Piety" (algo así como "Estampación y piedad") y no se debió solamente a que fue publicado por Sheer & Ward, una editorial católica dedicada sobre todo a devocionarios y literatura edificante. Eric Gill era un socialista católico que practicaba una curiosa forma de pararreligiosidad. Al margen de ello, ante la explosión tipográfica a que han dado lugar las nuevas tecnologías y a la mala digestión que del atracón han hecho muchos diseñadores, más de una vez uno está a punto de exclamar "¡piedad!" en nombre de la palabra escrita.
Nunca sabremos cuál era la intención original de Olivier Beaudoin al crear su animación tipográfica (ni aunque él nos la confiese), pero la interpretación mayoritaria en la Red es que se trata de una denuncia de lo que los humanos estamos haciendo con el planeta, una especie de defensa de la naturaleza en tipografía minimalista de palo seco, como lo es la Gill Sans. A mí, en cambio, me lleva a reflexionar que hay otros equilibrios ecológicos en peligro a causa de nuestra inclinación malsana por agregar objetos al mundo. Y uno de esos equilibrios al borde de la desaparición es el de la lectura, tal y como la hemos conocido hasta ahora, a causa de la proliferación de las versiones de los signos a la que nos hemos entregado.
Gill denostaba cualquier ornamento en las letras y no se refería a los remates de las astas, ya que creó una bellísima tipografía transicional a la que le puso el nombre de su hija Joanna, que es la pareja perfecta de la Gill Sans en combinaciones tipográficas de serif y sans serif. Lo que Gill decía era que el ornamento no se compadecía con el carácter industrial de la imprenta y que la sencillez era sinónimo de haber comprendido a Gutenberg y a sus perfeccionadores venecianos. La comprensión del invento que nos dio el texto y la textura.
Su definición de legibilidad es la de un pragmático, y traduzco: "La legibilidad, en la práctica, se reduce a lo que uno está acostumbrado. Lo que no equivale a decir que porque nos hayamos acostumbrado a algo manifiestamente menos legible [...] no debamos hacer el esfuerzo por desecharlo".
Y añade, más adelante: "Cualquiera piensa que reconoce una A cuando la ve; pero solo unas pocas mentes extraordinariamente racionales pueden distinguir entre una buena y otra mala, o demostrar con precisión qué es lo constitutivo de la condición de la A".
La contaminación tipográfica nos da, en apariencia, recursos infinitos; lo que se echa en falta es el sentido común necesario para descartar la hojarasca y, como se ve en la animación de Beaudoin, la multiplicación sin freno también acaba con la fuerza vital.
Y una frase de Gill que es mi favorita: "Las letras no son imágenes ni representaciones. Son, más o menos, formas abstractas. De ahí la rara y especial atracción que ejercen sobre el 'idiota místico' que es el hombre. Más que ninguna otra cosa, las letras le permiten contemplar la belleza sin miedo".
Con él, repito: las letras no son imágenes ni representaciones.