domingo, 9 de enero de 2011

¿Quién es el dueño de tus libros digitales?

Time Code. Trembl Alumni

No eres tú.

Y porque no eres tú, todas las reclamaciones para que el precio de los libros digitales, tal y como hoy los concibe la industria, iguale al cero están justificadas y no desaparecerán por el arte de la magia legislativa del falso legislador.

Hay algo trágico en esta tensión. De antiguo, el que nos contaba las historias alrededor del fuego fue dispensado de cortar la leña y de acarrear el agua, porque era quien nos dotaba de sentido cuando volvíamos cansados de la lucha por la vida, que no entendíamos. Cuando de la leña hicimos papel y de la inscripción, imprenta, cuando dejamos de reunirnos bajo el árbol a escuchar las historias --cuando nos volvimos alfabetizados, individualizados, industrializados, aislados tras densos cortinados-- y quienes tenían la exclusiva de la máquina de reproducir historias se creyeron los dioses del sentido y se olvidaron de la supervivencia del contador de cuentos, hubo que legislar. El derecho de autor, ese pequeño porcentaje que los dueños de las máquinas de reproducir están obligados a pagarle al que contribuye con las historias, sustituye a aquella vieja dispensa, alrededor de la cual siempre hubo consenso entre los hombres.

Las historias, materializadas en la matera (en la pulpa de papel obtenida de los bosques) se podían poseer en ausencia de quien las contaba, y hasta podíamos conversar con los muertos. Por esa posesión, le pagábamos al materializador que las reproducía, quien a su vez debía proveer los medios de subsistencia al hacedor de sentido, que conocemos por autor. No fue una solución ideal, ni universal, ni mucho menos eterna. Como todas las leyes de los hombres, respondió a ciertas condiciones de producción.

Y resulta que ahora el libro hecho de matera, está en pleno proceso de desmaterialización, que la gran máquina de reproducir de nuestro tiempo, Internet, no tiene dueño, que el copyright está en manos de los mismos y esos mismos se obcecan en hacerles creer a los lectores que la lógica de los siglos XVII y XVIII se aplica a los archivos descargables cuyo control han perdido. Lo que no han perdido es la ilusión de control.

Por esa ilusión de control, tus libros digitales no son tuyos y por eso, el precio te parece abusivo. Y lo es, en las actuales circunstancias.


MIS LIBROS Y LOS LIBROS DE TODOS
Tengo muchos libros, tal vez demasiados. No todos pertenecen a la misma categoría.

Cuando me mudé a esta casa donde vivo, aun poniéndolos en doble fila en las estanterías (que es una manera de perderlos), me sobraron 400. Algunos los regalé y otros los vendí a los libreros de viejo de Plaza Italia. Nunca podría haberlo hecho si me parecía que mi Kindle estaba recargado con cosas que nunca volvería a leer.

Como bien dice Alejandro Katz, no todos los libros son la misma mercancía. Cuando compro uno de Walter Benjamin, por ejemplo, no lo presto. Me limito a comentarlo con otros que también leen a Walter Benjamin. Y no son muchos. Pero cuando compré la primera entrega de la saga Millenium, del sueco Stieg Larsson, sabía que no terminaría en mis estanterías. Del recorrido que le conozco, al menos siete personas cercanas leyeron el ejemplar por el que pagué una sola vez. Después le perdí el rastro, porque me pidieron permiso para prestarlo a un amigo de un amigo a quien nunca había visto, y dije que sí. De haberlo hecho con la versión digital, habría cometido un delito. Lo gracioso es que el único motivo por el que no he cometido un delito es que los dueños del copyright no han podido rastrear el destino de mi ejemplar. Y el único motivo por el que no han podido rastrearlo es porque les saldría demasiado caro agregarle un sensor a cada copia. (No les des ideas).

Estas Navidades, para seguir en Escandinavia, me regalaron una novela de Henning Mankell que ya había leído. Fui a la librería y la cambié por un ejemplar de Si me querés, quereme transa, de Cristian Alarcón, que a mi vez regalé para Reyes. Con esta sencillísima operación, cambié mínimamente la cuenta de resultados de dos editoriales: Tusquets y Norma. Nunca me habría sido permitida tal herejía con un ebook. Es más, si compro un ebook que después me decepciona, tengo que cargar con él para siempre o destruirlo: mi capacidad de elección reflexiva queda coartada por los dueños del copyright. No lo puedo devolver, ni cambiar, ni regalárselo a alguien que tal vez lo apreciaría.

¿Quién engaña a quién en este nuevo capítulo de las historias que nos venimos contando desde que existe el fuego?

Ahora bien, resulta que estas costumbres extravagantes que tengo con los libros son compartidas por casi todos los lectores, que son los clientes de las editoriales y que, por la misma naturaleza de la mercancía que los liga a sus proveedores, no suelen ser un público cautivo. La digitalización de la palabra, que en la utopía tecnológica se iguala a su liberación, ha dado, en cambio, lugar a esta fantasía del lector cautivo, a quien además se le niega el derecho de propiedad secundaria sobre aquello por lo que desembolsa sus dineros duramente ganados en la lucha por la vida, que seguimos sin entender.

Un reciente informe de Forrester, del mes de noviembre de 2010, anuncia la espiral imparable del libro digital. También cuenta, sin embargo, que un 50 % de los encuestados accede a sus lecturas mediante el préstamo interpersonal. La respuesta que le sigue en porcentaje, un 38 %, afirma que encuentra sus lecturas en la biblioteca pública. Y a pesar de la alharaca de la prensa alrededor del Kindle y las genialidades de Jeff Bezos, solo un 28 % encuentra sus libros en Amazon. Para quitar el sueño a editores que no quieren adaptarse, sin embargo, mi respuesta preferida es la de aquellos que encuentran sus lecturas en las viejas colecciones de sus bibliotecas personales: 28 %

Tal vez, deberíamos cambiar de perspectiva.
Para contribuir a ese cambio necesario, urgente, recomiendo la lectura del último post de Brian O'Leary, "A New Kind of Hello". No se lo pierdan.

16 comentarios:

Eduardo. dijo...

Muy buena entrada y pensando en Buenos Aires Capital Mundial del Libro 2011 te paso un llamado a concurso de la Ciudad de Buenos Aires.

El tema es que en los considerandos colocan:

Los ejes de la convocatoria son:
• La promoción del hábito de la lectura.
• La promoción del libro como objeto.
• La difusión de la cultura y el patrimonio librescos de la ciudad.

Así que parece que sólo el libro objeto tendrá valor en la Capital del Libro 2011 :-(

Eduardo.

Kedamoos dijo...

Yo seguiré por mucho tiempo con la magia que tiene el poseer un libro físico...
Manu de www.kedamoos.com

@actvservidor dijo...

Una joya, tu blog; te agrego a mi google reader.

Excelente tu punto de vista; y aqui lo que hace falta es que esos señores entiendan que o se adaptan -innovan- o la teconología se los va a comer, como se dice, con zapatos y todo.

saluos!!
(Ah, y mira este link que encontré :D ---> http://ir.pe/3p0w )

Julieta Lionetti dijo...

@eduardo
Gracias por pasarte una vez más por aquí y por publicar el link a la primera convocatoria 2011 del programa de la ley de mecenazgo de la Ciudad.
Es imperdonable que no lo haya comentado antes con mis lectores, pero ha de ser que por mucho que la he leído, nunca termino de entender cómo funciona esa ley.

@Kedamoos y @actvservidor
Bienvenidos y gracias por los comentarios.

Iván Calderó dijo...

Completamente de acuerdo. Prestar (piratear, dicen ahora) libros se ha hecho desde siempre.
Los editores están muertos de miedo porque van a dejar de ser los dueños y administradores de las creaciones de "sus" escritores, que podrán volver a distribuir ellos mismos sus obras entre los lectores al precio que consideren justo por su trabajo.

Clara dijo...

La diferencia entre un libro digital y uno de papel está, entre otras cosas, en que un libro de papel lo puedes prestar a un número limitado de personas. Como bien dices, por esa operación de préstamo las cuentas de las editoriales se alteran tan mínimamente que nadie lo va a notar y, en el fondo, a nadie le importa. En cambio un libro digital lo puedes colgar en internet y se lo pueden descargar cientos o miles de personas. No solo tus familiares, amigos, conocidos o amigos de conocidos, sino cualquier persona en el mundo con acceso a internet. Y eso son muchas personas. Si añades a esto la filosofía del "¿Para qué voy pagar por leer algo que está aquí disponible de forma gratuita?" ya se puede entender con mayor facilidad los controles que tratan de aplicar al libro digital. La diferencia entre prestar un libro a una docena de personas y que se lo descarguen varios centenares es obvia. También es obvio que la falacia de "la cultura debe ser gratis para todo el mundo" acabará por eliminar el mérito que se le reconocía al contador de historias. No hablemos ya de los derechos de autor. Si la cultura debe ser gratis, ¿quién paga a los creadores? ¿Deben acaso vivir del aire? ¿Les tiene que pagar el estado, convirtiéndolos en instrumentos suyos y coartando su libertad creativa? Quizá si hubiera más respeto en general por el trabajo de los creadores y no imperara tanto la picardía del pirateo, las editoriales no estarían tan preocupadas por el auge del libro digital. Si la gente estuviera dispuesta a pagar por un libro digital de la misma forma que paga por uno en papel (no la misma cantidad, claro, pero sí reconociendo el valor de su contenido) en lugar de pensar que, como pueden conseguirlo pirata, quien pretenda cobrar por ello está atentando con su "derecho" a conseguir cultura gratis, quizá las cosas funcionarían de otra manera.

Manuel dijo...

Buenos días Señora:

Al salto de texto llegué a Ud..

Quizas reciba un aviso de que hice un comentario en un blog algo añejo. Si no es así, mala suerte...

Días pasados quise completar mio colección de textos de Girri. Tengo un par de libros sueltos, tengo el primer tomo de sus obras completas, y me enteré que Corregidor editó estas obras completas.

Están recontra agotadas. Les mandé un e-mial, y al tiempo me respondió un señor de dicha editorial, informando que solamente disponían del tomo X e Y. Silencio de radio sobre los que no tenían.

Mandé otro e-mail, solicitando la edición de un solo ejemplar. No hubo respuesta.

Como Ud. bien sabe, Girri es un autor clave en la poesía Argentina. Obviamente, no lo lee nadie.

Excepto los tipos que cada tanto se enteran de su existencia.

A esta altura de la soireé no debería ser tan dificil a Corregidor establecer un acuerdo con un editor de libros a demanda.

Corregidor vende algo (acepto que no se volverán ricos así), el editor saca su tajada, y alguien, un lector, una biblioteca, quien sea, recibe su libro.

Se lo menciono porque quizás Ud. pueda hacer algo. Yo estoy tan fuera del ajo que mi único contacto con Corregidor fue un e-mail. Ni sé a quien llamar por teléfono.

En su blog leo de las desventuras de e.e. cummings. Being you brand new...

Un afectuoso saludo

Th3kno dijo...

Ya podia tener esa capacidad analitica compleja nuestra ministra Sinde.
En todo caso,solo se dedican a llamar criminales a aquellos que comparten sus cosas con los demas.
Es lo que tiene el capitalismo,que no conoce limites.
Gran articulo que da mucho que pensar.
Un saludo.

Iván Calderó dijo...

Creo que Clara piensa que el ser humano es gorrón por naturaleza y siempre va a preferir la picaresca al pagar por lo que adquiere. Yo, sin embargo, creo que esa actitud puede corregirse reduciendo los precios, que es lo que han hecho en el resto del mundo, donde los libros, la música o las películas cuestan 10 euros/dólares.
Creo que si se tomara esa medida aquí muchos (no sé cuántos, quizá habría que hacer un estudio riguroso e INDEPENDIENTE) preferirían pagar a molestarse en conectarse, instalar un programa, hacerse una cuenta, esperar a que baje, grabarlo en un soporte...

Y sigo pensando que están más asustados los editores y distribuidores que los propios artistas. Por algo será.

Eduardo. dijo...

Siguiendo con el argumento de Clara que una cosa es prestar los libros a amigos y otra colgarlo en la web es que en España existe el famoso Préstamo de Pago o sea que las bibliotecas , sean públicas o privadas, tienen que pagar derecho de autor por cada libro prestado. Incluso habiendo comprado el libro y pagado el correspondiente derecho de autor por él.

Así que Clara, te faltó poner el Préstamo de pago en tu argumento.

Eduardo

Eduardo. dijo...

Algo más Clara, el Préstamo de Pago es muy anterior a los e-books, Ipad y otros.

Tal vez esté bien según tu razonamiento.

Lástima que si se aplicara en la Argentina quienes terminaríamos pagando ese "Canon" seríamos todos los contribuyentes ya que se descontaría del, escaso, presupuesto de las bibliotecas públicas. O sea sería otra transferencia del Estado para un sector privado.

Sería interesante saber si el Préstamo de pago se paga por autor que tiene derechos en vigencia o no.....Si fuera que se paga un porcentaje , como por ejemplo el famoso canon por fotocopias que pagan las universidades públicas en la Argentina (entre ellas la UBA y la de La Plata) que es un porcentaje por alumnos...O sea Miguel de Cervantes cobraría derechos de autor...

Saludos..
Eduardo.

Iván Calderó dijo...

Perdón por no avisar que escribo desde España, donde estamos en plena vorágine reformista sobre temas de propiedad intelectual versus descargas y donde los precios de los e-books están descontrolados.

elcospel dijo...

Julieta, muy buen artículo, lo voy a compartir.
Quisiera decirle a Clara que los “creadores” (término con el que no sé si estoy de acuerdo) que reciben pagos de las editoriales casi pueden contarse con los dedos de una mano, al menos en Argentina. ¿Por qué habría de esperarse que ahora las editoriales lo hagan? Es un chiste.
Las editoriales no están preocupadas por tal o cual auge, están viendo los que siempre han visto, como ganar más dinero imprimiendo/ vendiendo “libros” (algunos ya cuesta llamarlos así)
Es decir, Clara: la editoriales siempre estarán preocupadas por ganar dinero.
También se confunde libertad con gratuidad.
O dueña de una editorial o autora de algún libro, porque sino estarías del lado del lector. Que es el tuyo, o debería. Las luchas, por pequeñas que sean, para garantizar que no perdamos derechos adquiridos bienvenidas. Si lo paga el Estado, bienvenido.
Tal vez confundas Estado con Partido, o gobierno.
Y por último, como ya está dicho en la nota, a los archivos digitales si se les puede poner un sensor/ censor, sin mayores costos. Por eso es posible seguirlos.
Te la hago sencilla, si las editoriales quisiesen que el autor ganara antes que ellos deberían dejarles el libro digital a piaccere, imagina cuanto podría ganar un autor en donaciones, porque si a mí me gusta algo no me cuesta nada dejarle unos pesos.
Pero sin embargo hacen esto http://librodenotas.com/textosdelcuervo/19697/editoriales-libro-digital-y-abuso
Saludos: @aleschmid. Lector antes que todo lo otro.

erre dijo...

Engañamos todos.
http://es.wikipedia.org/wiki/Ex_libris

Guido Indij dijo...

Otro excelente artículo, Julieta.

Como sabés, estyo hecho un luddita!
Y por eso me quedé colgado de esa frase que ponés con mucha fineza: “esa gran máquina de reproducir que es internet”.

Ciertamente la imprenta es una máquina de reproducir, también.
Pero el libro, una parte de ellos al menos, es una máquina de producir (ideas, pensamiento, memorias, emociones).

Me pregunto si el libro electrónico será capaz de diferenciarse del resto de los contenidos de internet, que no produce nada, o produce poco original, que se arma con los retazos del mundo real... si ese libro será capaz de diferenciarse del resto del contenido, para poder mostrarse a sí mismo como un contenido valioso por el cuál estemos dispuestos a pagar. Lo que por otro lado siquiera habremos de requerir en préstamo porque nos será ofrecido gratis, o en bulk por los esclavos camboyanos de Ed Sullivan o Taringa.

Here comes dijo...

Muy buen artículo. El mayor problema, con la difusión de textos en Internet, no parecería ser el respeto de la propiedad intelectual, sino cómo seguir alimentando las estructuras sobredimensionadas de las grandes editoriales. Algo similar sucede con la migración de los grandes diarios hacia la Web.